|
Por
Eder P. (ErynShore) - 25 Noviembre 2004
A
continuación os mostramos la crónica que
Andertxu ha redactado para todos aquellos fans que no
pudieron asistir al concierto que se dio en Pamplona
el pasado Domingo:
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Las
cerca de 3000 personas que asistimos el pasado domingo
al pabellón Anaitasuna viajamos, de la mano de
the Corrs, a las verdes praderas irlandesas que parecen
brotar de cada una de sus canciones. Y es que aquella
noche fue para muchos de nosotros, fans incondicionales,
una de esas noches donde todas las estrellas parecen
haberse puesto en su sitio para convertir aquel concierto
en dos horas inolvidables.
La espera se hizo larga y pesada. El viento frío,
apenas paliado con unos tímidos rayos de sol,
no impidió que los más madrugadores llegaran
a la cola a eso de las 11 de la mañana. Decenas
de camiones de más de diez metros de remolque
descargaban las enormes cajas oscuras donde empaquetaban
toda la parafernalia: Altavoces, sistemas de iluminación,
vestuario, merchandising.... una caja para cada miembro
Corr, y otra del tamaño de una persona tan sólo
para maquillaje, para hacernos una idea de por qué
nuestras chicas salen siempre tan guapas.

caja de maquillaje de Sharon
Poco
a poco, nos íbamos congregando cada vez más
miembros del foro en torno a una de las varias puertas
que daban acceso al pabellón donde se celebraría
el concierto. Pudimos entrar mientras hacían
los preparativos: El pabellón, una cancha dedicada
a deportes variados con capacidad para unas 4000 personas,
ya tenía edificado en uno de los fondos del terreno
de juego la plataforma para el concierto. Poseía
varios paneles de luces de neón al fondo, y no
contaba con alturas artificiales, quizás porque
al faltar Caroline, no sería necesario destacar
la batería. Los que anduvieron más espabilados
fueron capaces de tomar alguna foto, pero pronto nos
hicieron salir con la poca amabilidad que desprenden
los que se encargan de ese tipo de labores.
Que pudiésemos entrar con la facilidad con que
lo hicimos (nadie nos lo prohibió en un principio),
evidencia la escasa proyección de los responsables,
y la desorganización con que se había
planeado el ordenamiento de la gente para las colas,
que sería palpable el resto del día. No
sabíamos dónde hacer cola, incluso dos
miembros de seguridad nos preguntaron si conocíamos
por cuál de las puertas íbamos a entrar
(miembros de seguridad que deberían saber más
que nosotros).

escenario a medio montar
El
promotor del concierto, un hombre llamado Sergio, se
acercó a los diez tempraneros fans que ya estábamos
asegurándonos un lugar en primera fila para recompensarnos
con una visita a la prueba de sonido de nuestro grupo,
previa al concierto. “Venís a esta esquina
a eso de las seis de la tarde y os hago pasar para verlos
ensayar, pero no lo digáis a nadie más”.
De nuevo, la descoordinación impidió que
esto saliese bien. Tan pronto como nos hicieron pasar
para verlos ensayar, otro gorilón malhumorado
de seguridad arremetió contra nosotros con un
lenguaje muy poco agradable, y tuvimos que volvernos
a la cola recuperando, eso si, nuestro lugar en ella.
La odisea de la cola fue otro de los aspectos a olvidar.
Llegado el momento, fue uno de nosotros quien tuvo que
decir a la veintena de personas que hacíamos
cola la disposición que ésta debería
tomar, en un sentido y no en otro. Los miembros de seguridad,
mientras tanto, ignorantes y mirando para otro lado.
Desmoralizaba ver cómo muchos que habían
llegado después adelantaban puestos y se aprovechaban
del irrisorio criterio con que los mozos colocaban las
cuatro barreras que supuestamente debían delimitar
claramente el contorno de la fila. Al menos nos consolábamos
escuchando vagas notas de los ensayos procedentes del
interior, y adivinábamos el tracklist recordando
las canciones que habían tocado poco antes en
Sevilla y Salamanca.
Por suerte, la hora se iba acercando, y a trompicones,
nos iban dando paso al auditorio. “No corráis,
no corráis, cuidado que hay escaleras....”
a duras penas podíamos correr con la cámara
escondida en el calcetín, aunque pese a las advertencias
no registraran mochilas ni cachearan a nadie. Una última
carrera y ya estábamos en primera fila. El foro
de disfrutaloscorrs ocupando los puestos privilegiados
del espectáculo.

La
disposición de los instrumentos era la habitual,
Andrea se postraría en el medio, Jim a su izquierda
y Sharon al otro lado. Todo preparado para ellos, así
que no habría teloneros.
Con unos minutos de retraso, se apagaron las luces y
el público enmudeció un instante hasta
que reconoció que las notas que ahora se escuchaban
eran en realidad un esbozo de “Humdrum”.
The Corrs ya estaban aquí, y como siempre, ante
ellos, una dura batalla que lidiar en contra del silencio,
sin más armas que sus instrumentos y con todo
un ejército enfrente, dispuesto a corear sus
archiconocidos temas y ayudarles en la contienda.
Su vestuario tampoco dio lugar a la sorpresa: Primero
salió Andrea, toda de negro, con una blusa semitransparente
y falda tan corta que dio que hablar a más de
uno. Las botas largas que llevaba aquella noche no le
permitirían descalzarse esta vez. Detrás
aparecía Jim, vaqueros y camisa negra (esta vez
sin gafas oscuras); y finalmente Sharon, ataviada con
un vestido violeta y cinturón ancho. Los tres,
muy a su estilo.

"Only
when I sleep” y “Dreams” vinieron
después, aderezadas con la voz un tanto desmejorada
de Andrea. Tantos conciertos seguidos parecían
haber mermado a la vocal del grupo, que no obstante,
cumplió bien su función, sin destacar,
pero sin defraudar: “Buenas noches, Pamplona”,
saludó en su habitual spanglish, para luego (en
inglés) disculpar la ausencia de Caroline e invitar
al público a disfrutar del recital de magia celta
que traían consigo.
"Guapos, guapas”, contestaba a los continuos
piropos del público, con lo que comprobamos que
su simpatía seguía vigente, así
como sus dotes interpretativas de corte dramático,
que explotó al dar vida a “Forgiven, not
forgotten”, aportando a la canción una
dimensión imposible de registrar en un disco.
Unos gritaban, otros aplaudían, hay quien se
emocionaba o parecía inmerso en el más
sublime de los sueños, pero todos tomaban parte
a su manera en la fiesta irlandesa que se adivinaba
entre las notas de “Angel”, canción
que siempre gana enteros en directo. Vino acompañada
de una iluminación digna de elogio, donde las
luces de neón explotaban al son del violín
de Sharon, impecable como siempre, y a continuación
intimaban el ambiente oscureciendo el escenario para
dar paso a “Runaway”. Ya no es noticia que
el público y el grupo se fusionen en uno con
esta pieza, que Andrea nos ceda el micrófono,
que millares de personas cincelen con sus voces la clásica
escultura musical que el tiempo ha hecho de ella, y
que al final del evento, se recuerde como uno de esos
momentos especiales en los que uno tiene la sensación
de tener un pie en el cielo y otro en un cuento de hadas.
De vez en cuando se oían algunos gritos que recordaban
a la hermana en reposo, pero su papel fue bien cubierto
por el batería suplente y por Jim, empuñando
las baquetas del enorme tambor que en “Borrowed
Heaven” ella acostumbraba a comandar.
También se le echó de menos en “No
Frontiers”, tema que Sharon cumplió a las
mil maravillas deleitándonos con su elegantísima
puesta en escena. Estaba iluminada por dos focos blancos
que parecían bendecirla, y de haberle visto nacer
alas, nos habría convencido de que era un ángel
con una voz agraciada.
 
Tras
“Queen of Hollywood” y “Long Night”,
nos sorprendieron con “Old town” y los sucesivos
“Ola” de Andrea, y entre una y otra, piropos
a mansalva. A veces coreando el nombre de Sharon, otras,
el de su hermana, y en una ocasión, el “oeoeoeoe”
futbolero que los irlandeses no dudaron en bailotear
embadurnándolo de cultura celta. Tan simpáticos
como siempre, y Jim, acostumbrado a no ser el protagonista.
Las presentaciones se hicieron en “I Never Loved
You Anyway”, que llegó minutos después
de “Radio”, "Summer Sunshine”
y “So Young”. Los miembros más anónimos
del grupo se daban a conocer uno a uno: Keith, Anthony
y los dos “suplentes”, que huían
de la fama y abandonaban el escenario después
de decir adiós con "Goodbye”.
Igual que en el resto de conciertos, el abandono quedó
en un simulacro cuando volvieron para interpretar las
dos últimas y ya habituales “Breathless”
y “Toss The Feathers”, el broche perfecto
para impregnar el ambiente con aroma a orígenes
“Made in Irlanda”, acicalados con la lozanía
verdosa de los focos que dejaban en los asistentes un
regustillo a campos fértiles.
Una última anécdota viene de la mano de
Bob, uno de los técnicos del grupo, que se paseaba
limpiando el escenario antes de que finalizara la fiesta,
indicando a los cantantes que tenían que irse,
como si delante suyo no hubiera mas de dos mil gritos
reclamando más música.

El
más glorioso regalo que cualquier fan puede desear
al finalizar el concierto es el famoso tin de Andrea,
casi una obsesión que no debería ensombrecer
el evento para los que se quedan si él, aunque
en ocasiones no suceda así. Dos miembros del
foro, Gabi y Sabrina, se hicieron con la afamada flauta,
pero ninguno nos fuimos de allí con las manos
vacías, sino con los oídos satisfechos.
El viaje había finalizado, y ya estábamos
de vuelta en Pamplona, con esa conmoción residual
que hace que desees volver a verlos, escucharlos y saborear
el dulce adictivo que se genera si mezclas tan buenos
ingredientes: un violín, una flauta, una guitarra,
una batería, y muchas ganas de agradar.
PD: Gracias a todos y a todas los que habéis
colaborado aportando fotos, datos y recordándome
detalles, y también gracias a todos y todas los
que contribuisteis a hacer aquel día aún
más especial. Espero que os guste ¡Eskerrik
asko!
|